Por Aurora Castellanos

Mi abuelita nos decía que su herencia, desafortunadamente, seria la diabetes que ha afectado a nuestra familia por generaciones. Aún recuerdo que a la edad de cinco años, observé como la diabetes le quitaba la vida a mi tia Lupe, la hermana mayor de mi abuelita. Al escuchar las conversaciones en mi familia, me daba la impresión que esta enfermedad era inevitable. Lo que no sabía es que si es evitable y es causada por la estructura social en la que vivimos.

El programa de TOLA me ha dando la oportunidad de mejorar la salud en mi comunidad, por medio del trabajo en pasar la medida del impuestos hacie las bebidas azucaradas (la Medida HH) en la ciudad de Oakland.   La Medida HH establecerá un impuesto de un centavo por cada onza a las compañías distribuidoras de bebidas azucaradas. Este impuesto juntaría más de seis millones en ingresos, que podrían ser invertido en programas de educación para la salud en la ciudad.

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Al escuchar al Doctor Harold Goldstein hablar en una de nuestras reuniones, el contextualizo las investigaciones científicos para mi. Las investigaciones han encontrado que uno de cada dos niños latinos y afroamericanos desarrollarán la diabetes tipo 2 durante sus vidas. Esto no resulta sorprendente debido a la fuerte propaganda que se dirige a este segmento de la población. La industria de bebidas azucaradas se enfoca en los niños y jóvenes, quien en mi comunidad de Fruitvale, crecen solos porque sus papás están ocupados con uno o más trabajos para poder sobrevivir el mes. En mi propia familia, mi mamá se esfuerza al doble, ya que es la única proveedora de la familia, aparte de que tiene la responsabilidad de mantener el hogar. Muchas veces termina delegando decisiones nutricionales a mis hermanos adolecentes, los cuales son vulnerables a esta propaganda. Una de las decisiones más perjudicial que hacen, es consumir bebidas azucaradas.

La Medida HH no resolverá la epidemia de la diabetes en mi comunidad de la noche a la mañana, pero la educación que saldrá de esta medida, habrá la puerta para un dialogo que traerá cambios. En la Fruitvale, las ciento de personas con las que he platicado, ya están conscientes y hacen preguntas sobre la diabetes. Mi esperanza, es que la educación de la salud que saldriá de esta medida, pueda extender estas conversiones. La medida ya está inspirando a personas como mi hermana de trece años, quien ha dedicado sus fines de semana para hablar con votantes. Ella me da esperanza de que esta nueva generación se beneficie de los programas de educación de la salud, para que hagan los cambios que beneficien la salud de la comunidad para las muchas generaciones por venir.

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